Templo CASA SUCAR

 En 1923 José Barbieri, comerciante tucumano encargó el proyecto de una casa para su residencia familiar al ingeniero y arquitecto español Luis Lucena. Un año después el constructor Orestes Peruzzo junto a los artesanos italianos Perinotti y Colotti materializaron el proyecto.

Erigida en medio de un amplio terreno con jardines que la rodean, la vivienda es ejemplo de petit palais con aires pintoresquistas. Tanto la planta como la ornamentación podemos inscribirla dentro de las  tendencias modernistas, en este caso entre a corriente del Modernismo catalán y la Secesión vienesa.

 

La elección de este estilo habla de la modernidad de los gustos pero también del desprejuicio de quienes encargan esta vivienda, que con esta actitud joven, se alejan del tradicional gusto afrancesado de las clases altas del finales del siglo XIX y principios del XX que no podían abandonar la impronta de los Borbones a través de la mirada de la muy conocida Ècole de Beaux Arts.

Los interiores ostentan floridos cielorrasos, las fachadas están poblados orgánicos ornamentos en balconadas y remates. Los pisos a manera de jardines geométricos en sintéticas alfombras sorprenden en varios ambientes. Geométricas aberturas de vidrios repartidos y cerramientos vidriados y coloridos juegan con una imponente lucarna de guirnaldas coloridas pintadas sobre vidrios que expresan un confuso aire, mixtura irreverente  de estilos y temporalidades artísticas y arquitectónicas.

La casa  desde su estética y generosidad espacial, hoy vuelta a la vida, nos habla directamente al alma, nos invita secretamente a imaginarnos viviendo en ella. Pero contar desde un museo algo tan extenso, diverso, complejo como es una ciudad, y hacerlo desde una casa que posee una historia propia, que a su vez se entrama con una historia urbana, política,  económica social y cultural como la de la capital de Tucumán, se presentó como el  desafío inicial.

El museo se recorre como una casa, donde  cada ambiente tiene una función, en este caso cada espacio cuenta con un equipamiento, con un mobiliario para presentar al público una parte de la historia. Era seguro que el guión museológico partiría desde más allá de la ciudad misma, desde su antecesora la villa de Ibatín y aquel mítico traslado que el 29 de septiembre de 1685 dio origen a San Miguel de Tucumán.

  • Restauración de Cubiertas
  • Instalación del sistema de Electro Osmosis de bloqueo de humedad ascendente
  • Restauración de revoques
  • Restauración de fachada 
  • Restauración de pinturas exteriores
  • Recuperación de Carpinterías y pisos de madera
  • Recuperación de Vitreaux
  • Investigación Histórica y rescate arqueológico
  • Saneamiento de instalaciones sanitarias
  • Recuperación Ornamental de molduras, dentículos.
  • Recuperación, consolidación y renovación de revoques
  • Pintura de Fachada con colores originales
  • Ejecución de playón de eventos y bar
  • Paisajimo